El Sermón del Monte | EPISODIO 26 – NO SE HAGA MI VOLUNTAD, SINO LA TUYA | MATEO 6:10
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Meditación bíblica sobre MATEO 6:10 por A.I. Marcos Mercado E.
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
Les invito para que el día de hoy, pongamos nuestra atención en la tercera petición del Padre Nuestro que encontramos en el versículo 10 del capítulo 6 del evangelio de Mateo, que dice de la siguiente manera:
10 Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
INTRODUCCIÓN
Ya hablamos de las dos primeras peticiones del Padre Nuestro que tienen que ver con la santidad de Dios, y con su reino, y la tercera petición tiene que ver con su voluntad.
John Stott dijo que La voluntad de Dios es “buena, agradable y perfecta” porque es la voluntad de «nuestro Padre que está en los cielos», que es infinito en conocimiento, amor y poder, y por lo tanto es una locura resistirse a ella, y sabio discernirla, desearla y hacerla.
Ya dijimos que su nombre es santo y él es Rey, y del mismo modo que su voluntad ya se hace «en el cielo’: Jesús pide que oremos: «Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra», para que la vida en la tierra se haga más parecida a la vida en el cielo.
Miren ustedes, es muy fácil decir las palabras del Padre Nuestro y repetirlas sin pensarlas. Sin embargo, decirlas con sinceridad, no obstante, tiene implicaciones transformadoras y trascendentales, porque expresan las prioridades del cristiano.
Hay quienes se preocupan mucho para que se les reconozca y se les alabe por el trabajo que realizan, pero nuestro interés prioritario en esta oración no es nuestro nombre, nuestro reino y nuestra voluntad, sino el nombre, el reino y la voluntad de Dios.
Para nosotros, el poder hacer estas peticiones con integridad y sinceridad es una prueba aguda de la realidad y profundidad de nuestra fe y vida cristiana.
AHORA BIEN, ¿QUÉ ES LO QUE PEDIMOS EN ESTA TERCERA PETICIÓN?
El Dr. Gerald Nyenhuis escribió: Pedimos el cumplimiento de la voluntad de Dios y pudiera parecer que hay una contradicción en estas palabras, ya que la voluntad de Dios es soberana y siempre se hace. ¿Por qué, pedimos entonces que se haga la voluntad de Dios?
Porque, si analizamos con cuidado las palabras de este texto bíblico, nos damos cuenta de que no dice simplemente que se haga la voluntad de Dios, sino que se haga de un cierto modo, es decir, que se haga la voluntad de Dios EN LA TIERRA tal y como se hace en el cielo.
¿Qué implica esto? Miren ustedes, la voluntad de Dios tiene dos aspectos:
Lo que se ha llamado la voluntad «preceptiva» de Dios y la voluntad «decretiva».
Y no es que Dios tenga dos voluntades, sino que son dos aspectos de su única y soberana voluntad.
La voluntad decretiva es lo que Dios decreta; y esto se cumple inexorablemente y sin excepción tanto en el cielo como en la tierra.
Pero la voluntad preceptiva es lo que Dios quiere que hagamos nosotros; y lamentablemente nosotros no siempre cumplimos fielmente esta voluntad.
Y si la voluntad preceptiva es para los hombres, entonces lo que pedimos en esta oración es que esta voluntad se cumpla entre los hombres, así como la voluntad decretiva se cumple inexorablemente en el cielo y en la tierra.
Esto implica que, si decimos las palabras de esta petición, pero no nos esforzamos en cumplir la voluntad preceptiva de Dios, entonces, no estamos orando sinceramente.
Y el mejor ejemplo que tenemos de una oración preceptiva es la oración que Jesús hizo en el huerto de Getsemaní.
Estando en el huerto y soportando la agonía, en el evangelio de Juan encontramos las palabras de Jesús que dijo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Utilizando otras palabras, cuando decimos «Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra».
Estamos diciendo, lo que dice el Catecismo de Heidelberg en la respuesta a su pregunta 124, que dice: “Haz que nosotros y todos los hombres renunciemos a nuestra propia voluntad y, con toda humildad, obedezcamos la tuya, que es la única buena, para que cada uno de nosotros cumpla su deber y vocación, tan fiel y gozosamente como lo hacen los ángeles en el cielo. “
Es decir, pedimos que se haga y cumpla esta voluntad en donde vivimos, en donde comemos, en donde dormimos, en donde trabajamos y en donde disfrutamos de nuestros momentos de ocio.
Y de esta manera estaremos orando para que la voluntad de Dios dirija nuestros deseos y determine nuestros valores.
Y al igual que Jesús, tenemos que saber lo que Dios quiere que hagamos, y debemos orar a Él pidiendo precisamente eso.
Y debemos darnos cuenta de que al pedir esto en el Padre Nuestro no estamos pidiendo que se haga la voluntad de Dios en el cielo, donde siempre se cumple, sino que se cumpla también aquí en la tierra.
Ahora bien, la petición, «hágase tu voluntad», nos enseña a ver toda la vida como una vocación, una profesión que tenemos que desempeñar de acuerdo con la voluntad de Aquel que nos llamó por su gracia.
Y entonces, cada aspecto de nuestra vida tiene que ver con nuestra tarea de glorificar a nuestro Padre que está en los cielos.
Y en cada actividad en la que estemos involucrados, tenemos que pedir que en esa actividad la voluntad de Dios se haga, como en el cielo, así también en la tierra.
La Biblia nos habla de la forma en que en el cielo se cumple la voluntad de Dios, lo encontramos en el Salmo 103:21, que dice:
20 Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, obedeciendo a la voz de su precepto.
21 Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos, que hacéis su voluntad.
Lo que nos indica que, los ángeles voluntariamente obedecen a Dios y están atentos a hacer lo que Dios les manda.
Y así como en el cielo no se hace ninguna cosa sino la voluntad de Dios, es decir, lo que Dios quiere, y los ángeles están siempre preparados para conducirse siempre con toda rectitud, de la misma manera, a todos los habitantes de la tierra se nos manda, se nos ordena que, alejando de nosotros toda rebeldía y maldad, nos sometamos al imperio de Dios.
Juan Calvino dijo:
Esta petición tiene que ver con que Dios va a reinar en el mundo y será rey del mundo, un día, cuando todos nos vamos a estar sometidos a su santa voluntad.
Y fíjense bien que al pedir esto estamos renunciando a los apetitos y deseos de nuestra carne que se oponen y resisten a la voluntad de Dios.
Igualmente, somos conducidos en esta oración a negarnos a nosotros mismos, a fin de que Dios nos rija y gobierne conforme a su beneplácito.
Y no solamente esto, sino también para que cree en nosotros un espíritu y un corazón nuevo, a fin de que no haya en nosotros deseos que le sean contrarios, sino que exista en nosotros un ferviente deseo de cumplir con su voluntad.
CONCLUYO
En las tres primeras peticiones del Padre Nuestro no pedimos ni una sola cosa para nosotros mismos, sino que todas nos invitan a que demos prioridad a la gloria de Dios y también pedimos que su espíritu gobierne en nuestros corazones, para que aprendamos a amar lo que le agrada a Dios y aborrecer lo que le disgusta a Dios; y que, en consecuencia, deshaga, anule, abrogue y elimine todos los apetitos y deseos que hay en nosotros que se resisten a su voluntad y que no agradan a Dios.
Juan Calvino también dijo: Y todos aquellos que no sienten en sus corazones el deseo de orar para que la gloria de Dios sea ensalzada, que su Nombre sea santificado, que venga su reino y que se haga su voluntad, no pueden decir que son hijos de Dios y ciudadanos del reino de los cielos y que ni aun son siervos de Dios.
Por ello es importante que nuestras oraciones incluyan las palabras “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Amén.
