El Sermón del Monte | EPISODIO 30 – INVIERTE EN LA ETERNIDAD – MATEO 6:19-21

Hoy llegamos a las palabras que encontramos en los versículos 19 al 21 del capítulo 6 del evangelio de Mateo, que dice de la siguiente manera:

19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

I. INTRODUCCIÓN

En la primera mitad del capítulo 6 de Mateo 6 (1-18), Jesús dijo que la forma de ofrendar, orar y ayunar del cristiano debe ser «en lo secreto»; y en la segunda mitad (19-34) de este capítulo habló de la vida secular o pública del cristiano que tiene que ver con asuntos de dinero, de posesiones, de comida, de bebida, vestido y ambición.

Es decir, todo este capítulo 6 de Mateo habla de nuestras responsabilidades privadas o religiosas y de las seculares o públicas. Aunque cabe aclarar que, si somos cristianos, todo lo que hacemos en nuestra vida diaria, ya sea que se trate de ir de compras, cocinar, sumar números en la oficina, etc., todo debemos hacerlo para la gloria de Dios, sabiendo que lo hacemos en la presencia de Dios y según la voluntad de Dios.

Ahora bien, en este pasaje Jesús menciona cuatro diferentes situaciones en las que nos vamos a encontrar y en las cuales hay que tomar una decisión; por ejemplo, los versículos 19 al 21 nos hablan de que tenemos que decidir entre hacer tesoros en la tierra o en el cielo; los v. 22 y 23 hablan de la luz y las tinieblas; el v. 24 habla de Dios y las riquezas; y los v. 25 al 34 nos llevan a decidir si preocuparnos por nuestros cuerpos o por el reino de Dios. Y en todos estos casos debemos tomar una decisión.

Y en los versículos 19 al 21 encontramos la primera situación en la cual tenemos dos mandatos, uno negativo y otro positivo. ¿Cuál es el primer mandato negativo?

II.- 19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan.

¿Qué significa que no nos hagamos tesoros en la tierra?

El reconocido escritor contemporáneo John Stott responde a la pregunta diciendo que

En primer lugar, las Escrituras no prohíben en ninguna parte la propiedad privada.

En segundo lugar, a los cristianos no se les prohíbe ahorrar para el futuro imprevisto o, en relación con ello, tener una póliza de seguro de vida, que solo es un tipo de ahorro obligatorio autoimpuesto.

Por el contrario, Dios nos pide que seamos previsores y esto lo encontramos en Proverbios 6:6-8 que dice:

6 Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos y sé sabio; 7 la cual, no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, 8 prepara en el verano la comida que necesitará en el invierno.

En tercer lugar, si nuestro Creador nos ha dado abundancia, debemos disfrutar las cosas buenas que nos ha dado; entonces, ¿qué es lo que se prohíbe?

Jesús dijo en Lucas 12:15:

Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

O sea, prohíbe la fantasía insensata de que la vida de una persona consiste en la abundancia de los bienes que posee, y prohíbe el materialismo que ata nuestros corazones a la tierra.

Juan Calvino comentó que cuando Jesús ordenó “No os hagáis tesoros». El término ‘tesoros’ es un término muy amplio que incluye no solo el dinero, sino que se refiere más bien a nuestra actitud hacia nuestras posesiones. Que a veces son las que nos poseen y las que a veces también hasta idolatramos.

Y ejemplos de ello serían: el dinero; quizá sea el esposo, la esposa o los hijos; puede ser el amor por el honor, por la posición, por la situación económica; para algunos, su tesoro es su casa.

En pocas palabras, tu tesoro es aquello que te domina o que idolatras en este mundo, y es algo para lo cual tú vives. Este es el peligro en contra del cual nuestro Señor nos advierte en este versículo 19.

Ahora bien, ¿cuál es el mandato positivo que nos da Jesús en el versículo 20? Que dice de la siguiente manera:

20 Si no os hacéis tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.

Aquí afirma que los «tesoros en el cielo» son incorruptibles. ¿Cuáles son estos?

John Stott dijo que «hacer tesoros en el cielo» es hacer en la tierra cualquier cosa cuyos efectos duren por la eternidad.

Y que estos tesoros pueden referirse a cosas tales como:

  • El desarrollo del carácter semejante al de Cristo
  • El aumento de la fe, esperanza y amor, ya que esta tríada de virtudes permanecerá.
  • El crecimiento en la gracia y el conocimiento de Cristo
  • El esfuerzo activo (mediante oración y testimonio) de presentar a otros a Cristo, para que puedan también heredar la vida eterna; y
  • El uso de nuestro dinero en causas cristianas, que es la única inversión cuyos dividendos son perdurables.

Todas estas, aunque son actividades temporales, tienen consecuencias eternas. Este es, pues, el «tesoro en el cielo». Ningún ladrón puede hurtarlo, y ninguna plaga destruirlo. Porque en el cielo no hay ni polillas, ni ratones, ni merodeadores.

Es un tesoro que está seguro. No necesita póliza de seguro. Es indestructible. Jesús parece decirnos: «Esta es la inversión más segura; es el único valor de inversión de la más alta calidad, cuyo brillo nunca se opacará».

Juan Calvino dio 2 recomendaciones a los ricos.

1. Que consideren que todas las cosas pertenecen a Dios y no deben hacerlas el centro de su vida y su existencia (1 Corintios 3).

La Biblia menciona esto en 1 Timoteo 6:17-19, que dice: 17 A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. 18 Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; 19 atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.

2. Les recomienda que tomen en cuenta que todos los que ayudan a sus hermanos pobres en la tierra hacen tesoros en el cielo, ya que la Biblia dice en Proverbios 19:17:

17 A Jehová presta el que da al pobre, Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.

Nuestro Señor Jesucristo también mencionó en Mateo 25 que, en el día del juicio, hará referencia a las personas que le dieron de comer cuando tuvo hambre y que lo visitaron en la cárcel.

Y la gente le preguntará: «¿Cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos?… ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?»

Y el Señor les dirá: «En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis».

Lo cual implica que, al preocuparnos por estas personas, estamos edificando para el cielo, donde recibiremos la recompensa y entraremos en el gozo de nuestro Señor.

La conclusión es que nuestro Señor Jesucristo nos dijo que, si queremos hacer tesoros, debemos recordar que los tesoros en la tierra son corruptibles, por lo que lo más conveniente o recomendable sería buscar los tesoros en el cielo, que son incorruptibles y seguros, que duran y pueden almacenarse sin que sufran depreciación o deterioro.

Y Jesús concluyó esta maravillosamente enseñanza con las siguientes palabras:

21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Es decir, Jesús en el Sermón del Monte en varias ocasiones hizo referencia al «corazón»; y aquí Jesús declara que nuestro corazón siempre va a estar donde esté nuestro tesoro, ya sea abajo en la tierra o arriba en el cielo.

El Catecismo Menor de Westminster nos recuerda cuál debe ser nuestro fin principal y su pregunta número 1 dice: ¿cuál es el fin principal del hombre? Y la respuesta es:

El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios y gozar de él para siempre, y ¿cómo podemos glorificarle?

Podemos glorificarle amándole y por ello concluyo recordando dos mandamientos.

Lucas 10:27 dice:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente;

Y Mateo 6:33 nos ordena: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas».

Pregunto: ¿Dónde está tu tesoro?

El sermón del monte:

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