TIEMPOS PELIGROSOS, ESPERANZA VIVA

Cuando Pablo escribió a Timoteo su segunda carta, no lo hizo desde la comodidad ni desde la distancia. Lo hizo desde una celda, con la conciencia clara de que su vida estaba llegando al final. Y aun así, su preocupación no era él mismo, sino la iglesia. Por eso, en el capítulo 3, abre el corazón y advierte: “En los postreros días vendrán tiempos peligrosos”.
A veces pensamos que esta expresión se refiere únicamente a un futuro remoto, a un momento dramático justo antes del regreso de Cristo. Pero los autores del Nuevo Testamento entendían que los últimos días comenzaron con la primera venida de Jesús. Es decir, la iglesia ha vivido en los últimos tiempos desde el siglo I, y seguirá en ellos hasta que Cristo regrese. No estamos atrasados en el calendario profético, ni Dios ha olvidado su promesa. Estamos exactamente donde la Escritura dijo que estaríamos, en los últimos días, esperando con esperanza activa el retorno del Señor.
Pablo no se refiere a guerras, terremotos o crisis políticas, aunque todo eso existe, sino a la condición moral y espiritual del corazón humano. En una sola oración, en los versículos 2 al 5, enumera dieciocho rasgos que describen la conducta de las personas en estos tiempos: egoísmo, arrogancia, ingratitud, falta de dominio propio, amor al placer, traición, crueldad, y muchos más.
Lo inquietante es que Pablo no habla solo de personas abiertamente impías. Habla también de quienes “tienen apariencia de piedad, pero niegan su poder”. Es decir, personas religiosas, incluso activas en la vida espiritual, pero sin una transformación real del corazón. Personas que conocen el lenguaje de la fe, pero no la vida de la fe.
Pablo no escribe para que tengamos miedo, sino para que tengamos discernimiento.
Su preocupación principal no eran los pecadores del mundo, sino los falsos maestros dentro de la iglesia, aquellos cuya vida contradice el evangelio que dicen enseñar.
Por eso su primera instrucción a Timoteo es “a estos evita”, en otra versión dice ¡Aléjate de esa clase de individuos!” No se trata de rechazo hostil, sino de protección espiritual. La vida revela la doctrina.
El carácter revela la verdad o la falsedad del mensaje.
Seguimos viviendo en los últimos tiempos, y eso no es motivo de ansiedad, sino de propósito. Cristo viene, cuando Él determine. Y mientras esperamos, somos llamados a vivir con discernimiento, con integridad y con una fe que no solo se proclama, sino que se encarna.
Que el pasaje de 2 Timoteo 3:1-5, sea un llamado profundo a escudriñar nuestro corazón con honestidad, a renovar y fortalecer nuestra fe, y a caminar cada día con la mirada fija en Jesús, convencidos de que solo en Él hallamos esperanza y propósito verdadero.
Vivamos, entonces, sin permitir que el temor nos paralice, sino con una esperanza activa y valiente, sabiendo que Cristo viene. Mientras esperamos, respondamos a Su llamado, seamos luz en medio de la oscuridad, personas de integridad y fe genuina, encarnando el evangelio en cada acción. Así, cuando el Señor regrese, nos encontrará vigilantes, firmes y llenos de gozo.

IGLESIA NACIONAL PRESBITERIANA BERITH, BOLETÍN BUEN ÓLEO, Domingo 12 de abril 2026.

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