PABLO EN ROMA – HECHOS 28:11-30
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Meditación bíblica sobre HECHOS 28:11-30 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
A todos los que nos escuchan, buen día. Seguimos con el libro de los Hechos. Después de estar en Malta durante tres meses, seguramente dejando pasar el invierno y siendo despedidos con muchos regalos, Pablo y sus acompañantes están listos para continuar con su travesía a Roma. Y nuevamente lo hacen en una nave alejandrina.
Ahora, la meditación de este día se titula Pablo en Roma, y estará basada en Hechos 28, del versículo 11 al 30. Esta será la última meditación de un total de 58, y con esta terminamos el libro de los Hechos, lo que sin duda es motivo de gratitud a nuestro Dios por todo lo aprendido a través de esta serie de meditaciones.
Así, Pablo inicia nuevamente la navegación con sus acompañantes, y el primer lugar al que llegan es Siracusa, donde estuvieron tres días. De allí, costeando, llegaron a Regio, y de ahí, teniendo el viento a su favor, llegaron a Puteoli, donde encontraron algunos hermanos, quedándose siete días con ellos, y de ahí finalmente a Roma.
Dice Lucas que, al estar en Roma, Pablo cobró ánimo y dio gracias a Dios.
Sin duda, para Pablo esto fue una promesa cumplida, como lo vemos en Hechos 23:11. Cuando el Señor le dijo: «Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma». Y así, después de estar tres días en Roma, Pablo convocó a los principales de los judíos.
La mayor preocupación de Pablo era su testimonio a los judíos de Roma. Ellos no habían recibido una palabra especial en cuanto al apóstol Pablo, pero sí sabían que en muchos lugares se hablaba en contra de Cristo y los cristianos. Para Pablo era importante aclarar su apelación a César.
Esto no debía interpretarse como una acusación a su nación. Todo lo contrario; estaba preso por amor a su nación y por la esperanza de Israel, es decir, la salvación en Cristo y el evangelio de la gracia, siendo este anuncio lo que lo llevó a prisión. Pero lo que ellos declararon sorprendentemente es que no les había llegado ninguna carta de judía.
Sin embargo, quisieron saber por la palabra de Pablo todo acerca de esta secta. Entonces, llegado el día señalado, les habló del reino de Dios y de Jesús, el Mesías prometido, tanto por la ley de Moisés como por los profetas, y Pablo pudo corroborar lo escrito por el profeta Isaías. “De oído oiréis, y no me entenderéis, y viendo veréis, y no percibiréis, porque el corazón de este pueblo se ha engrosado”.
Sin duda, una cosa es oír y otra escuchar, lo que es muy distinto, como también hay una gran diferencia entre ver y percibir. Así, si alguien podía entender esto, eran precisamente estos líderes judíos, pero su entendimiento estaba embotado y su corazón endurecido, tal y como lo describe Isaías: “que teniendo ojos no vean, y teniendo oídos no oigan, y por sus corazones endurecidos no se conviertan ni sean salvos”. Ahora Pablo les dice que, por su rechazo, este mensaje de salvación será para los gentiles, los no judíos, y los gentiles escucharán, algo que para Pablo no sería la primera vez, pues ya le había sucedido en Antioquía, después en Corinto, luego en Éfeso y ahora en Roma, donde discutían acaloradamente entre sí.
Mientras tanto, Pablo siguió recibiendo en esta casa abierta a todo el que quisiera escuchar acerca del Reino de Dios y de Jesucristo, custodiado y encadenado a un guardia, quienes de un modo u otro escuchaban lo que Pablo enseñaba, y no es ninguna sorpresa que alguno creyera y se convirtiera.
Termino con lo que dice Filipenses 1:12-14.
Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido han redundado más bien para el progreso del Evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en todo el pretorio y a todos los demás.
Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar sin temor. Pablo nos ha enseñado que, sin importar cuán grande o difícil parezca la adversidad, en Cristo podemos seguir adelante, y aun en la adversidad dar a conocer la salvación en Cristo.
