El Sermón del Monte | EPISODIO 35 – NO ESTÁS SOLO: DIOS CONOCE TUS NECESIDADES – MATEO 6:31-32

Meditación bíblica sobre MATEO 6:31-32 por A.I. Marcos Mercado E.
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

El día de hoy continuamos con nuestras meditaciones que hemos llevado a cabo durante varios meses acerca de las enseñanzas del Sermón del Monte y ahora vamos a poner nuestra atención en los versículos del 31 al 32 del capítulo 6 del evangelio de Mateo, que dice de la siguiente manera:

31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

INTRODUCCIÓN

El jueves pasado, al analizar el versículo 30, dijimos que nuestro Señor Jesucristo mencionó lo importante que es que nuestra fe crezca y llamó hombres de poca fe a los creyentes que se tambalean ante los afanes y aflicciones que todos vamos a experimentar en la vida.

Vayamos ahora al versículo 31, que dice:

31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

En la primera ocasión, en el versículo 25 dijo: «Por tanto os digo: no os afanéis», pero aquí, con mayor énfasis, dijo: «No os afanéis, pues, diciendo».

Y aquí, al insistir en que lo importante es que nuestra fe crezca, refuerza esta enseñanza con la palabra “pues”, diciendo “no os afanéis, pues”.

Esto tiene como objeto invitar a los creyentes a confiar plenamente en el cuidado paternal de Dios, confiando en que Él nos va a dar todo lo que necesitamos, y que no debemos atormentarnos con una ansiedad o afán innecesarios.

Y en seguida el versículo 32 dice:

32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas.

Y lo que el Señor dijo en primer lugar es que, como cristianos, debemos ser diferentes de los gentiles o no cristianos.

“Porque los gentiles buscan todas estas cosas”.

 ¡Es una afirmación muy poderosa e importante!

Y fíjense bien que no dice que no nos preocupemos, pero sí dice que si estas preocupaciones nos dominan, entonces en realidad estamos viviendo y comportándonos como los gentiles o paganos.

Ahora bien, algunas de las características de los gentiles a los que hoy en día llamaríamos no cristianos son:

  1. No conocen a Dios ni que se ha revelado a nosotros por medio de su hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, y por lo tanto no conocen el camino de salvación establecido por Dios.
  2. No saben que “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”.
  3. Ignoran que tenemos un alma inmortal que tiene un destino eterno. Y viven en una verdadera oscuridad espiritual.
  4. Su filosofía de la vida es la que describe 1 Corintios 15:32: “Comamos y bebamos, porque mañana moriremos”.

Nuestro Señor resumió todo con la frase: “¡Porque los gentiles buscan todas estas cosas!” Y esta palabra ‘buscan’ es una palabra muy fuerte, porque implica que lo buscan con afán, que lo buscan constantemente, que viven para estas cosas, buscándolas con afán y constancia.

Ahora bien, a diferencia de los gentiles, los cristianos, ¿cómo reaccionamos frente a la enfermedad, a la muerte?

¿Es nuestra reacción diferente de la de los no cristianos?

Y todo lo que nos pasa en la vida y todo lo que nos sucede, ¿lo estamos viendo con los lentes de la fe cristiana?

El segundo razonamiento valiosísimo que encontramos en este versículo es:

 «Pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas».

Y esto ya nos lo había dicho cuando habló del cuidado de Dios por las aves y por los lirios del campo. Pero como no quiere que lo olvidemos, por eso lo repite de nuevo:

Y para aumentar nuestra fe debemos confiar en estas palabras, es decir, tener una fe y plena confianza en Dios, no solo como el omnipotente y sempiterno creador, sino como nuestro Padre celestial, ya que Jesús dijo:

Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

Y debemos aprender a confiar en Dios como nuestro Padre, como nuestro Padre que sabe todo acerca de nosotros e incluso solo Él tiene contados los cabellos que hay en nuestra cabeza, por lo que podemos estar seguros de que nunca nos vamos a encontrar en una situación que Dios desconozca o por la cual no se preocupe.

Él sabe todo, mucho mejor que nosotros mismos, y por eso nuestro Señor Jesucristo dijo estas palabras: “¡Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas!”

Y esta es una afirmación increíble y maravillosa de la Biblia, ya que nunca estaremos en algún lugar donde Dios no nos vea; nunca habrá nada en lo más profundo de nuestro corazón, en los pliegues más íntimos de nuestro ser, que Él no sepa.

Y esto lo dice Hebreos 4:13 con las siguientes palabras: “Todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta».

Dios no solo ve lo que nos sucede cuando nos enfermamos, o cuando algún ser querido está enfermo o grave; no solo sabe cuándo estamos experimentando sufrimientos, penas y angustias, sino que conoce cada ansia y cada preocupación del corazón, y conoce cada pesar y herida. Ya que con su omnisciencia lo abarca todo, lo conoce todo.

Dios sabe todo acerca de nosotros en todos los aspectos de nuestra vida y, por consiguiente, conoce todas nuestras necesidades. De lo anterior, nuestro Señor insiste en lo siguiente: No hay por qué afanarse, no hay por qué preocuparse. Dios está contigo en este mismo momento en que estás afligido o afligida sufriendo, y nunca lo olvides, no estás solo, no estás sola; Dios es nuestro Padre celestial.

Jesús también dijo en Mateo 7:11: «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?».

Y es que, si un padre terrenal protege y cuida a su hijo, y hace todo lo que puede por él. Imagínense lo que Dios hará por nosotros en cualquier circunstancia en la que nos encontremos.

Entonces, nunca permitamos, aunque sea por un solo momento, pensar que estamos abandonados por Dios y que dependemos solo de nuestras propias fuerzas, y no importa que la tormenta que nos esté abatiendo sea terrible porque Dios nunca, nunca nos deja.

Y a todos mis queridos hermanos y hermanas que en este momento se sienten desmayar porque están soportando las fuertes olas de la preocupación y los terribles vientos ocasionados por la desesperación debido a las tormentas ocasionadas por los problemas por los que atraviesan en el embravecido mar de la vida.

Y si su corazón se siente desfallecer por la enfermedad de algún ser querido, recordemos siempre las palabras del Señor Jesús, que dijo: “No temáis, hombres de poca fe”, y les invito para que, si su fe desmaya, la hagan crecer apropiándose de dos hermosísimas promesas de nuestro Dios que encontramos:

La primera en Josué 1:5, donde Dios mismo dice: «No te dejaré, ni te desampararé».

Y la segunda promesa de nuestro amante Padre Celestial, que tiene todo el poder en el cielo y en la tierra, la encontramos en Isaías 41:10, que dice:

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

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