EL AFÁN Y LA ANSIEDAD – MATEO 6:34

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Meditación bíblica sobre MATEO 6:34 por Alfonso Abascal
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán; basta a cada día su propio mal.

Es muy interesante notar en este versículo que nuestros afanes suelen estar en el futuro; nos mostramos tan ansiosos por lo que todavía no pasa, y esto ocupa nuestra mente y corazón.

Afanarse y estar en una continua ansiedad pensando en lo que podía pasar mañana, esto sin duda no ayuda a nuestro presente y tampoco al mañana; todo esto solo nos hace poco eficientes tanto hoy como mañana.

Pensemos en cómo Dios alimentaba a su pueblo en el desierto; cada día caía el maná del cielo, y Dios cubría sus necesidades para cada día. Así Dios nos da de su gracia para enfrentar cada día, el día de hoy, no el de mañana.

El enemigo siempre busca cómo derribarnos poniendo pensamientos de ansiedad, así que cuando lleguen estos pensamientos, pongamos nuestros ojos y pensamientos en Jesús. Recordemos a Pedro, cómo pudo caminar en el mar impetuoso mientras mantuvo su mirada en Jesús. Pedro, al mirar el fuerte viento y dejando de ver a Jesús, comenzó a hundirse y, dando voces, Jesús le salvó.

Lo mismo puede sucedernos a nosotros: dejamos de ver a Cristo, solo nos enfocamos en el problema, surgiendo en nuestra mente cualquier cantidad de pensamientos negativos y somos presa fácil del afán y la ansiedad; así que lo que debemos hacer es combatir estos pensamientos y el apóstol Pablo nos enseña cómo: remplazándolos.

No podemos decir: «Ya no voy a pensar en esto», ¡y ya está!; nuestra mente no trabaja así, debemos reemplazarlos por otros pensamientos. En Filipenses 4:8 dice que pensemos en todo lo verdadero, en lo honesto, en todo lo justo, lo puro, lo amable, todo lo que es de buen nombre y en aquello que es digno de alabanza.

Es decir, llenar nuestra mente de Cristo y de la palabra de Dios, y así aquel mal que pueda presentarse, y que ciertamente no es algo que quisiéramos, lo podemos enfrentar con la paz y seguridad de saber que estamos en Cristo y con Cristo.

El creyente que llena su mente y corazón de la palabra de Dios podrá fácilmente reconocer los pensamientos negativos.

Termino con lo que dice el Salmo 119:165: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo”.

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