¿QUÉ HACER CON EL TEMOR? – SALMOS 56:3
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En la semana pasada hablamos acerca del mirar hacia adelante y avanzar, pero la realidad es que puede ser que aquello que hay atrás en el pasado pueda parecer bueno, pues es algo que ya conoces. Así, el pueblo de Israel, como nosotros, cuando se trata de avanzar, debemos hacerlo por fe, aceptando y buscando la dirección de Dios.
Y esto es algo que puede traer temor. Así que, ¿qué hacer con el temor? El día que temo, yo en ti confío (Salmo 56:3). Las palabras de este salmo, David las escribe cuando sus enemigos, los filisteos, lo acosaban. Cuando esto sucedió, David ya había vencido al gigante Goliat, ya había sido ungido como el futuro rey de Israel, pero el rey Saúl, lleno de celos y de amargura en su corazón, le perseguía queriéndole matar.
Así que, huyendo de Saúl, terminó en Gad, la tierra de los filisteos, donde bien sabían quién era David. No solo era el hombre que había matado a Goliat; también sabían lo que de él cantaba el estribillo que decía: «Saúl mató a sus miles, y David a sus diez miles». Por tal motivo, el riesgo de perder la vida en Gad, sin duda, era muy grande.
Así entonces, David escribe: “En el día que temo, yo en ti confío”. El temor es parte de la naturaleza humana. David revela su sentimiento de temor sin ocultar nada delante de Dios, pero inmediatamente después hay una declaración de fe y dice: «Yo en ti confío». Y confiar en Hebreo quiere decir recargarse, es decir, que aquello en lo que se está apoyando es firme, como la roca. Y así, estando firme en esta roca y confiando en Dios, David dice en el siguiente versículo: «En Dios he confiado, no temeré». ¿Qué puede hacer el hombre? Las circunstancias de David no cambiaron entre un versículo y otro.
Seguían siendo las mismas. David seguía estando en la tierra de los filisteos. Lo que cambió fue que David se apoyó y puso su confianza en Dios, la roca de su salvación. David nos enseña que la confianza no consiste en lo fuerte que podamos ser, sino en quien nos apoyamos y confiamos. Más adelante, en los versículos nueve y diez, David dice: «Esto sé, que Dios está por mí». En Dios alabaré su palabra, en Jehová su palabra alabaré.
David nos enseña a centrar la mirada en Dios, no en las circunstancias, y vivir en un constante espíritu de alabanza y adoración hacia Dios. David sabía que quienes buscan a Dios en oración, con un corazón sincero, tienen la certeza de la protección y el amparo de Dios. Así, pidamos a Dios que en los momentos de dificultad o prueba, nuestra fe esté firme sobre la roca.
El Salmo 27:1 dice: “El Señor es mi luz y mi salvación. Entonces, ¿por qué habría de temer? El Señor es mi fortaleza y me protege del peligro. Entonces, ¿por qué habría de temblar?” Hasta aquí la meditación del día de hoy.
A nombre de la Iglesia Nacional Presbiteriana Berith me despido; yo soy Alfonso Abascal. Bendiciones y hasta la próxima.
