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PELEA LA BUENA BATALLA | LECCIONES DE PABLO A TIMOTEO – 1 TIMOTEO 1:18-20

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¿No has notado que en la actualidad la autoridad suele despertar desconfianza? Después de tantos ejemplos de abuso, manipulación y decepción, muchas personas consideran más seguro depender únicamente de su propio criterio.

Esa manera de pensar también ha alcanzado a la iglesia. No son pocos los creyentes que valoran la predicación y la comunión cristiana, pero que se sienten incómodos con la idea de ser dirigidos espiritualmente o rendir cuentas a otros.

Sin embargo, cuando abrimos el Nuevo Testamento, encontramos una realidad diferente. Dios ha querido cuidar a su pueblo mediante hombres imperfectos a quienes llama y encomienda la tarea de pastorear su iglesia.

El liderazgo espiritual no reemplaza la autoridad de Cristo; al contrario, es uno de los medios que Cristo utiliza para proteger, alimentar y preservar la fe de su pueblo.

Podemos ver claramente esa verdad en las palabras que Pablo dirige a Timoteo en 1 Timoteo 1:18-20.

Voy a dar lectura a esos versículos, escuchen con atención:

Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia, manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.

UN ENCARGO PARA PELEAR LA BUENA BATALLA

    El apóstol no está entregándole a Timoteo instrucciones para administrar una organización. Le está recordando que ha sido llamado a una batalla espiritual. Timoteo debía mantenerse firme en la fe, conservar una buena conciencia y perseverar en medio de la oposición y el error.

    Detrás de esta exhortación encontramos una enseñanza que sigue siendo necesaria para nuestros días. El ministerio pastoral no consiste simplemente en coordinar actividades, resolver problemas administrativos o mantener funcionando una congregación. Consiste en velar por almas y permanecer fiel a la verdad que Dios ha revelado.

    Esta responsabilidad es mucho más seria de lo que a veces imaginamos. El mundo suele medir el liderazgo por el reconocimiento, la influencia o los resultados visibles, pero Dios evalúa el liderazgo principalmente por la fidelidad.

    Los pastores y ancianos han sido llamados a cuidar un rebaño que no les pertenece. La iglesia es de Cristo, y quienes la pastorean deberán rendir cuentas ante Él por la manera en que la cuidaron.

    Por eso Pablo insiste tanto en la importancia de preservar la sana enseñanza. Los mayores peligros para la iglesia no siempre llegan desde fuera. Muchas veces aparecen desde dentro, a través de enseñanzas equivocadas, ideas atractivas que desvían la mirada de Cristo o actitudes que poco a poco erosionan la verdad del evangelio.

    Frente a esos peligros, los pastores y ancianos están llamados a permanecer vigilantes. Y no es porque disfruten corrigiendo a otros, sino porque aman demasiado al rebaño como para guardar silencio cuando la verdad está en riesgo.

    PASTOREAR SIGUIENDO EL MODELO DE CRISTO

      Para comprender mejor esta tarea, basta recordar la imagen que la propia Escritura utiliza. Jesús se presentó como el Buen Pastor, aquel que conoce a sus ovejas y da su vida por ellas. Ese es el modelo que todo anciano fiel procura seguir.

      Por supuesto, ningún pastor o anciano es perfecto. Todos son hombres limitados y necesitados de gracia. Pero cuando ejercen fielmente su llamado, procuran reflejar algo del carácter de Cristo. Enseñan la Palabra, acompañan a quienes sufren, advierten a quienes se desvían y animan a quienes luchan por perseverar.

      Muchas veces ese trabajo ocurre lejos de la vista de la congregación. Detrás de una predicación hay horas de estudio y oración. Detrás de una decisión difícil suele haber largas conversaciones, preocupación genuina y dependencia del Señor. Gran parte del cuidado pastoral ocurre en silencio, sin reconocimiento y lejos de los aplausos.

      Por eso la iglesia está llamada a valorar a quienes la pastorean. No porque sean superiores a otros creyentes, sino porque la tarea que realizan tiene un enorme valor delante de Dios.

      Valorarlos significa orar por ellos. Significa sostenerlos y animarlos en medio de sus responsabilidades. Significa también recibir con humildad la enseñanza de la Palabra cuando esta es expuesta con fidelidad.

      LA CORRECCIÓN QUE NACE DEL AMOR

      Y aquí aparece una verdad que nuestra cultura suele resistir. El amor cristiano incluye la corrección.

      Hay muchos que identifican el amor con la aprobación incondicional. Sin embargo, la Biblia presenta una visión totalmente diferente. El verdadero amor busca el bien de la otra persona, incluso cuando eso implica señalar un peligro o confrontar un error.

      Un buen médico no oculta un diagnóstico por temor a dar una mala noticia y evitar una situación tensa; de la misma manera, la iglesia no puede ignorar lo que daña la vida espiritual de sus miembros.

      Por eso la disciplina bíblica, cuando se ejerce correctamente, no tiene como objetivo humillar ni castigar. Su propósito es restaurar. Busca rescatar a quien se está apartando antes de que el daño sea mayor. Nace del amor por la verdad y del deseo de ver a los hermanos caminar fielmente con Cristo.

      Las advertencias que Pablo menciona en este pasaje nos recuerdan precisamente eso. Rechazar una buena conciencia y apartarse de la verdad no es algo insignificante. Por eso Dios, en su gracia, ha provisto pastores que enseñen, adviertan y acompañen al rebaño en su caminar.

      NUESTRA RESPUESTA AL CUIDADO PASTORAL

      Al considerar estas cosas, quizá la pregunta más importante no sea únicamente cómo ejercen los pastores su responsabilidad, sino cómo respondemos nosotros al cuidado que Dios nos ofrece a través de ellos.

      ¿Recibimos con humildad la enseñanza de las Escrituras? ¿Estamos dispuestos a escuchar corrección cuando es necesaria? ¿Valoramos el cuidado espiritual que Dios ha puesto a nuestro alrededor o suponemos que podemos caminar solos?

      La madurez cristiana nunca fue diseñada para desarrollarse en aislamiento. Dios nos incorporó a una familia, y dentro de esa familia estableció distintos dones y responsabilidades para nuestro crecimiento. Entre esos dones está el ministerio de hombres llamados a enseñar, exhortar y pastorear al pueblo de Dios.

      Quizá hoy sea un buen momento para recordar a aquellas personas que Dios utilizó para bendecir tu vida espiritual. Tal vez un pastor que te enseñó fielmente la Palabra. Tal vez un anciano que te aconsejó en un momento decisivo. Tal vez alguien que tuvo el valor de corregirte cuando comenzabas a desviarte.

      Es posible que en aquel momento no comprendieras plenamente el valor de su intervención. Sin embargo, mirando hacia atrás, puedes reconocer que Dios estaba cuidando de ti a través de esos medios.

      SEGUIR AL VERDADERO PASTOR

      Y esa es, finalmente, la gran enseñanza de este pasaje. El liderazgo espiritual existe para dirigir nuestra mirada hacia Cristo. Los mejores pastores no son aquellos que atraen la atención hacia sí mismos, sino aquellos que ayudan al rebaño a seguir más de cerca al verdadero Pastor.

      Por lo tanto, tras haber analizado el concepto del encargo en 1 Timoteo 1:18-20, apoyemos a nuestros ancianos y demos gracias a Dios por ellos.

      Los ancianos están llamados a proteger al rebaño de Dios de los ataques del enemigo y a velar por que lleguen a salvo a su destino celestial. Procuran hacerlo imitando a Jesús, el Buen Pastor. Estarán dispuestos a terminar con los pies ensangrentados, si fuera necesario, para pastorear fielmente el rebaño de Dios.

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