La respuesta de Festo y Agripa — Hechos 26:24-32 Cuando Pablo terminó de dar su testimonio, la luz del Evangelio quedó frente a dos hombres poderosos… y ambos la rechazaron. Festo lo llamó loco; Agripa, con evasivas, dijo: “Por poco me persuades.” Pero Pablo no se intimidó. Ante reyes, gobernantes y tribunales, siguió predicando con valentía, confiando en la promesa de Jesús: Él daría sabiduría y palabra oportuna. Su ejemplo nos recuerda que cada espacio —aun los más adversos— puede convertirse en un púlpito para anunciar a Cristo. Que nuestra oración sea como la de Pablo: que quienes escuchan, por poco o por mucho, crean, se conviertan y den testimonio de Jesús.
El evangelio no es solo para que los incrédulos puedan llegar a Cristo, sino que es para toda la vida, llevándonos a obedecer y caminar en santidad, en dependencia del Espíritu Santo. Necesitamos, entonces, definir claramente el evangelio, si queremos entender su centralidad e impacto en nuestra vida. La proclamación nos ayudará a conocer mejor este evangelio que amamos y predicamos, y cómo se aplica en nuestra vida diaria.
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