El Sermón del Monte | EPISODIO 33 – LA FE VENCE LA PREOCUPACIÓN – MATEO 6:28-30
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Meditación bíblica sobre MATEO 6:28-30 por A.I. Marcos Mercado E.
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Cd. de México
Reciban un fuerte abrazo y un muy cordial saludo en este hermoso día en el que, gracias a Dios, podemos meditar juntos acerca de las enseñanzas del Sermón del Monte.
Les invito para que pongamos nuestra atención en los versículos del 28 al 30 del capítulo 6 del evangelio de Mateo, que dice de la siguiente manera:
28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
I. INTRODUCCIÓN
En estos versículos, nuestro Señor Jesucristo nos advirtió respecto al terrible peligro de la tendencia natural que tenemos de afanarnos y preocuparnos excesivamente acerca de lo que comeremos y lo que beberemos, y también acerca de nuestro cuerpo.
Ciertamente tenemos que trabajar para conseguir el sustento, ya que es una de las consecuencias de la caída y de la sentencia que Dios pronunció sobre Adán y toda su descendencia cuando en Génesis 3:19 le ordenó:
Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra.
Y por ello todos debemos trabajar para ganar el pan, y lo que es más, 2 Tesalonicenses 3:10 dice: «Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma».
Por ello, el hombre tiene que sembrar, pero tiene que depender de Dios, que es el único que puede hacer crecer la semilla, ya que Él es el Hacedor, el Creador y el Sustentador de todas las cosas que existen en todo el universo, y además trata de una forma especial y providencial a todo el género humano, ya que Dios es el que «hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos«.
Ahora bien, en este pasaje, Jesús nos invita para que, como hijos de Dios, tengamos una plena confianza en nuestro Padre celestial y que no nos preocupemos injustificadamente.
Y, cabe aclarar que estar libre de preocupaciones no es lo mismo que estar libre de conflictos. Cristo nos ordena que no nos afanemos, pero no dice ni promete que nunca tendremos pruebas y dificultades, ya que mientras vivamos en este mundo todos vamos a tener momentos de sufrimiento y dificultades, pero los creyentes confiamos en la promesa que encontramos en
Romanos 8:28, que dice:
Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
John Stott escribió: Las personas se preocupan de no poder pasar un examen o encontrar empleo o casarse o conservar su salud, o tener éxito en alguna empresa.
Pero «los temores pueden ser mentirosos», ya que muchas preocupaciones, quizás la mayoría, nunca se hacen realidad. Por lo que la preocupación es una pérdida de tiempo, ideas y energía. Por ello necesitamos recordar lo que dice Mateo 6:34.
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
Además, el Dr. Martyn Lloyd Jones dijo que el preocuparse por cosas materiales de tal forma que acaparen nuestra atención, absorban nuestra energía y nos carguen de ansiedad es incompatible con la fe cristiana y con el sentido común, ya que es desconfiar de nuestro Padre celestial, y eso es francamente irracional.
Ya que debemos estar conscientes de que no nos hicimos a nosotros mismos, ni nos mantenemos vivos a nosotros mismos, sino que Dios es quien lo hace y que nuestra vida depende de Dios, y nuestra vida obviamente es más importante que el alimento o la bebida que la nutre. Y nuestro cuerpo también, que está en las manos de Dios, es más importante que el vestido que lo cubre y lo abriga.
Ahora bien, si Dios ya tiene cuidado de lo más importante, que es nuestra vida y nuestro cuerpo, ¿no podemos confiar en que Dios también va a cuidar de nuestro alimento y que va a cuidar de nuestro vestido, que son menos importantes?
Pero vayamos ahora a la enseñanza que encontramos en el versículo 28, que dice:
28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;
Y para enseñarnos a que no nos afanemos excesivamente por la comida y el vestido, nuestro Señor nos dio dos ilustraciones o ejemplos importantes. El primero se refirió a los pájaros del cielo y la segunda a los lirios del campo.
El tema de este versículo ahora es el del cuerpo y el vestido y por ello Jesús nos dijo:
“Considerad los lirios del campo”.
Y aquí Jesús emplea un término ligeramente más fuerte, ya que antes dijo «mirad las aves del cielo»; ahora nos dice «considerad los lirios del campo”. Lo que implica que debemos meditar acerca de estas cosas y examinarlas en un nivel más profundo.
Ahora fíjense bien, que en estos 3 versículos encontramos 3 argumentos y el primero de ellos dice que Dios viste a las flores y la hierba del campo y dijo: «Considerad los lirios del campo, las flores silvestres, la hierba». Y estas flores tienen ciertas cualidades esenciales en su forma, que son el resultado del hermoso y perfecto diseño del creador, y podemos admirar su textura, su sustancia y su color, que el hombre, con todos los recursos, no puede llegar a imitar.
Y en cada flor lo que vemos es la mano de Dios; la creación perfecta, vemos el poder y la gloria del Todopoderoso.
Y la realidad es que todos podemos constatar que aun a las pequeñas flores que quizás pasan desapercibidas, que posiblemente desperdician la fragancia de sus pétalos en el aire del desierto, a esas florecitas, Dios las viste majestuosamente.
Vayamos ahora al versículo 29, que dice:
Pero os digo que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.
Y la enseñanza es que los lirios del campo, anémonas, amapolas, lirios y gladiolas, aunque no trabajan ni hilan, y menos aún se confeccionan sus vestidos, nuestro Padre celestial los viste, en verdad mucho más espléndidamente de lo que se vistió Salomón con toda su gloria, y superan todo lo que los hombres pueden lograr con su riqueza o poder, o de cualquier otra manera.
Y Jesús puso como ejemplo que ni siquiera el rey Salomón en toda su gloria se pudo vestir como una de ellas.
Y que conste que entre los judíos era proverbial la gloria de Salomón. Ya que la Biblia nos menciona la magnificencia de su vida, la ropa maravillosa y toda la vestimenta del rey y de su corte, sus palacios de madera de cedro con muebles dorados e incrustados con oro y piedras preciosas.
Y sin embargo, todo esto parece insignificante y no se compara con la forma en que Dios viste a cada una de las flores.
¿Y cuántos tipos de flores existen? ¿A cuántas viste de manera diferente nuestro Dios todopoderoso? Según los expertos, hay alrededor de 250.000 a 400.000 tipos de flores distintas, es decir, con vestidos diferentes.
AHORA BIEN, EL SEGUNDO ARGUMENTO que nuestro Señor utilizó es «Y si la hierba del campo… Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?» Y la pregunta que te hago ahora es: Si Dios hace todo esto por las flores del campo, ¿cuánto más hará por ti?
Y aunque este argumento ya es suficientemente poderoso,
ENCONTRAMOS UN TERCER ARGUMENTO que se refiere a la breve duración o breve vida de las flores.
«Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?»
¡Y este argumento es maravilloso!
Ya que la hierba del campo es transitoria, efímera. En épocas remotas solían cortarla para quemarla como combustible. Así se horneaba el pan. Primero se cortaba la hierba y se secaba y luego se ponía en el horno y se le prendía fuego para producir un gran calor.
Luego se le ponía encima el pan que estaba ya listo para ser horneado y de esta manera hacían el pan en el tiempo de nuestro Señor.
Ahora, lo importante de esta ilustración es que los lirios y la hierba son efímeros; no duran mucho y no podemos hacer que las flores duren, ya que en cuanto las cortamos comienzan a marchitarse y, a pesar de toda su belleza exquisita, a pesar de su aroma y perfección, a la mañana florecen y por la tarde son cortadas, se secan y se marchitan.
Pero el argumento importante aquí es que las flores tienen una corta duración y que nosotros somos inmortales, porque tenemos un alma que jamás puede morir; lo que implica que no somos solamente criaturas temporales, sino que pertenecemos a la eternidad y vamos a vivir por los siglos de los siglos en un lugar, y es un hecho que el hombre tiene una existencia eterna que va más allá de la muerte y del sepulcro.
Miren ustedes, al darnos cuenta de esta maravillosa verdad y de que Dios nos formó a cada uno de nosotros durante 9 meses en el vientre de nuestra madre y que a cada uno de nosotros, nos hizo con un diseño especial, exclusivo y diferente de todos los demás, y además Dios nos dio un alma inmortal. La pregunta que te hago, ¿ese Dios maravilloso que cuida de las aves y las flores va a olvidarse de nosotros mientras estemos en este mundo? ¡Por supuesto que no!
Y para finalizar, voy a repetir las palabras con las que nuestro Señor y Salvador Jesucristo terminó esta hermosísima enseñanza acerca del afán y la aflicción:
30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
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